Fluir en el deporte

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El agua del río fluye, no se pregunta si un camino u otro es mejor, sólo avanza sin pensar, si en su camino hay obstáculos busca otro camino, no repara en meterse en recodos, en acometer un salto de agua, en complicar su camino si no hay otra opción; porque al fin y al cabo se está dejando llevar por los caprichos y los accidentes del cauce del río. El agua del río no se esfuerza en avanzar, no se concentra en avanzar, en escoger un camino más cómodo o mejor, tan solo avanza a capricho de lo que va encontrando, a capricho del más o menos acentuado cauce de ese río que dicta con su caudal, obstáculos y pendiente el camino a seguir por el agua. Es una forma caprichosa de avanzar, es una forma natural, sin esfuerzo, sin obligación, el río solo fluye, solo avanza, solo sigue su curso, solo espera llegar al mar, sin preguntarse si lo logrará, confía en que así será y no se auto boicotea.

En el deporte fluir supone dejarse llevar, como se deja llevar el agua del río, no pensar, no esforzarse o tratar de hacerlo mejor, ni concentrarse en ello. Fluir supone no prestar atención a esa voz interior que a veces decide castigarnos y otras aplaudirnos, esa voz interior queda callada cuando uno fluye, cuando sale un disparo directo a la escuadra sin pensarlo, cuando un golpe imposible de raqueta coloca la pelota en el campo del adversario lejos de su alcance, cuando un swim perfecto hace que la bola quede pegada a la bandera, cuando un corredor hace su carrera perfecta o su salto perfecto y dice que no sabe como lo consiguió, que sólo lo consiguió y es que la mayoría de estos grandes momentos que crea el deportista no están planeados, simplemente suceden y luego el deportista no sabe explicar como sucedieron porque sucedieron instintivamente, sin planearlo, sin pensarlo, sin calcularlo, sin enjuiciar ese momento para bien o para mal. En todos estos casos el deportista fluyó, el deportista no pensó, simplemente actuó; su experiencia, sus automatismos hicieron el resto de hay que luego no sepa explicar como sucedió, simplemente sucedió.

Fluir en el deporte es estar en paz con uno mismo, sin luchas internas, es llevar el disfrute en el deporte a su máxima expresión y ahí llegan las mejores jugadas, los mejores golpes, los mejores goles, los mejores tiros, las mejores carreras y el mayor de los premios, el puro disfrute que produce el ensimismamiento en la acción deportiva que a cada uno le toque.

Fluyamos en el deporte, dejemos de pensar y simplemente dejémonos llevar por nuestra propia acción, la que a cada uno le toque.

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