El futbolín, diversión que no pasa de moda

Cuando pienso en un futbolín lo primero que me viene a la cabeza es la piscina donde mis padres solían llevarnos a mis hermanos y a mí para pasar el día en verano. Aparte de la piscina como tal, había un merendero y, a su lado, una zona de juegos con varios futbolines y alguna rana verde “tragacosas” (supongo que sabéis a las que me refiero). La hora y media de digestión impuesta por mi padre se pasaba volando en aquellos futbolines. Pero sus beneficios no acaban ni mucho menos aquí.

El futbolín, diversión que no pasa de moda

La forma más divertida de librarse del estrés

Por más que les hayas surtido de libros de repaso para vacaciones e intentes proporcionarles actividades alternativas a las consolas, lo cierto es que en verano los niños tienen mucho tiempo libre y se aburren.  Y ya sabes qué pasa cuando se aburren: se ponen nerviosos, empiezan a pelearse, a hacer trastadas para llamar tu atención… En resumen: normalmente todos (ellos y tú) acabáis de los nervios.

Tanto si la situación ya ha llegado a este punto como si quieres prevenirla, te animo a que pruebes a jugar un rato con tus hijos al futbolín: todo el estrés acumulado se descargará en los mandos y en la feroz competición. Obviamente, también pueden jugar ellos solos y se divertirán igual, pero te recomiendo que participes: te lo pasarás mejor aún que ellos y tendrás una oportunidad única de estrechar lazos.

Coordinación visomotora y más

Suena muy técnico, pero todos los padres hemos oído hablar a nuestros pediatras de ella. Seguro que tú también recuerdas lo gracioso que era tu bebé cuando intentaba coger algo que tenía delante y no atinaba a la primera. Pues la coordinación entre los ojos y las manos es fundamental en el desarrollo de los niños y algo, además, que debemos seguir mejorando durante toda nuestra vida.

El futbolín es, en este sentido, una actividad magnífica que te obliga a ejercitar y desarrollar ese tipo de coordinación con precisión y, sobre todo, velocidad.

Otros posibles beneficios del futbolín se deben a que se trata de un juego de equipo (de dos a cuatro personas, aunque recuerdo que en mi infancia jugábamos hasta ocho), y ya juegues con alguien o contra él, de la interacción solo obtendrás cosas positivas.

Desgraciadamente es difícil encontrar ya en las grandes ciudades espacios que dispongan de aquellos grandes futbolines con bolas de madera y para los que necesitabas aprovisionarte de monedas. Pero para compensarlo hay futbolines con un tamaño y precio razonable que tu hijo puede tener en su habitación y que son sorprendentemente estables, es decir, preparados para las palizas a las que tú y tus hijos seguro que vais a someterlo.

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