Montañismo con niños, ¿te animas?

Tanto si siempre has sido aficionado al alpinismo, como si te sientes atraído por la naturaleza pero nunca has terminado por decidirte a “echarte al monte”, ahora que tienes hijos es un momento perfecto para que vivas la experiencia de la montaña de otra manera o la descubras con ellos.

Montañismo con niños, ¿te animas?

El montañismo y los niños no están ni mucho menos en conflicto y salir con ellos puede descubrirte cosas en las que, de otra manera, a lo mejor no te fijarías. Hoy te voy a dar unos consejos básicos para que estas salidas sean un éxito y puedas inculcar en tus hijos el amor a la naturaleza que tú sientes.

La montaña como maestra de valores

Estoy casi segura de que a ti también te ha sorprendido, como a mí, la actitud de los alpinistas expertos. Sufren todo tipo de penalidades con el único fin de alcanzar esa cima que desafía la biología humana, arriesgando e incluso perdiendo en ocasiones su vida. La mayoría de nosotros, por mucho que amemos la montaña, no llegamos a esos extremos pero, cuando logramos ascender a un pico hasta ese momento inaccesible para nosotros alcanzamos a comprender lo que les motiva. ¿No has sentido nunca esa sensación?

La montaña nos exige esfuerzo y superación y, a cambio, nos recompensa con el descubrimiento de posibilidades que ignorábamos sobre nosotros mismos y nos anima a pedirnos siempre más. Desde la cima de una montaña no solo la perspectiva de la naturaleza a nuestros pies es fascinante y hermosa, sino también la de nosotros mismos.

No hace falta que te diga lo importante que es inculcar los valores del esfuerzo y la autoestima en nuestros hijos, y la montaña, sin duda, se los enseña.

Cómo preparar una salida a la montaña con niños

El objetivo del montañismo con niños es, sobre todo, inculcarles el amor a la naturaleza y el deseo de conocer cada vez más de ella y de llegar un poquito más lejos en nuestros objetivos. Por eso es fundamental que en ningún momento la experiencia se convierta en una tortura.

La ruta tiene que adaptarse a las posibilidades del más débil, es decir, del niño de menor edad, y debe acometerse sin pausa, pero sin prisa. Si necesitan parar, se para, y tú mismo podrás evaluar si de verdad necesitan un descanso o si, simplemente, se están haciendo los remolones y tienes que animarlos a seguir. Ten paciencia y astucia. Y sal temprano…

Tan importante como la elección de la ruta es la del día. Consulta la previsión meteorológica para evitar sorpresas y elegir buen tiempo, pues no queremos en estas fases iniciales aumentar la dificultad de la excursión.

Equípalos convenientemente. Ten especial cuidado con el calzado (uno inadecuado puede hacer de la travesía una pesadilla) y lleva agua y comida suficientes. ¡Ah!, y no te olvides de protegerles del sol. A veces nos olvidamos de que en la montaña se necesita una protección del sol tan alta como en la playa.

¡Anímate y vuelve a vivir la experiencia de la montaña desde el principio con tus hijos!

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