Cómo conseguir que los más pequeños aprendan a hacer volteretas

La voltereta es una habilidad motriz básica que algunos niños hacen a edades muy tempranas y sin apenas esfuerzo, y que a otros les cuesta más. No te preocupes si tu hijo pertenece a este segundo grupo, porque ya sabes que cada niño es un mundo cuando hablamos del desarrollo motriz, grueso o fino, y tiene derecho a su propio ritmo. En el caso de las volteretas, también influyen otros factores relacionados con su personalidad: a los audaces les cuesta menos que a los más cautos.

Cómo conseguir que los más pequeños aprendan a hacer volteretas

Por eso no estaría de más que intentaras ayudar a este último a vencer sus miedos y conseguir dar esa primera voltereta perfecta. Una vez hecha, todo las demás irán rodadas.

Controla tus propios temores

Seguro que has visto a niños de apenas dos años dar volteretas o al menos intentarlo, porque al principio el niño suele terminar cayendo de lado sin llegar a dar nunca la vuelta completa provocando la risa de todos, aunque también un cierto temor por si se hace daño en el cuello.

No te preocupes, recuerda que los niños son más flexibles que los adultos y que, aunque ninguna actividad tiene un riesgo 0, no es habitual que se hagan daño en sus intentos de voltereta. Mucho más habitual es que se caigan, pero esto tiene fácil remedio si les facilitas un lugar alternativo.

Es importante que venzas tus miedos porque, sin pretenderlo, puedes inculcarles temores que ralenticen su desarrollo motor. Además, saber dar volteretas es una forma segura de caer, lo que puede evitar daños mayores en el futuro.

Manos a la obra (y cabezas, pies…)

Desde el momento en que el niño lo intente puedes ayudarle. En el caso de que no se anime el solo tendrás que hacerlo tú cuando cumpla los 4 o 5 años.

Pon en el suelo una esterilla de las que se usan en el yoga para tener una superficie blanda y firme, en la que tu hijo pueda empezar a dar volteretas. Dile que se ponga en cuclillas, con las piernas separadas y las manos apoyadas en el suelo entre los dos pies. Luego tiene que pegar la barbilla al pecho y levantar el culo de forma que la cabeza se meta entre las piernas. Entonces hay que animarle a que se impulse hacia adelante pegando un pequeño salto. No se debe apoyar la cabeza, sino rodar sobre la parte superior de la espalda.

Si hacerlo así le da miedo, que empiece apoyando la cabeza ligeramente, pero siempre explicándole que debe rodar sobre la espalda; con una mano sobre el cuello y otra en sus piernas puedes ayudarle al principio.

Le costará más o menos intentos, pero una vez lo consiga no lo olvidará jamás. ¿O es que tú has olvidado cómo hacerlas? Haz una cuantas con ellos y ya verás como tu ejemplo les quitará cualquier miedo. ¡A rodar!

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