La salud mental, ese gran tabú

Hace ya mucho tiempo que los psicólogos se encuentran interesados por la salud mental, por el estudio y la curación de las enfermedades mentales.

Es muy extensa la difusión que se da hoy día a los problemas derivados de los trastornos mentales, así como la extensión misma del problema. En la actualidad, hay gran cantidad de enfermedades de origen mental, y el interés por estos temas va creciendo no sólo entre los psicólogos.

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En una investigación llevada a cabo en la ciudad de Nueva York con 175. 000 habitantes, se descubrió que el 81,5% tenía trastornos mentales, es decir que sólo el 18,5% gozaban de salud mental. Cada vez son más numerosas las personas que marchan o marchamos tambaleándonos en un mundo sin sentido, sin objetivos, sin metas, por eso los psicólogos están cada vez más preocupados por dar solución a los problemas mentales y que la población adquiera un equilibrio necesario e ideal para convivir pacíficamente.

Cada día se hace más necesario cuidar nuestra mente. Nos interesan los problemas de salud física, a nadie le gusta estar enfermo, sentir dolor, pero ¿y la mente?

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Admitimos ir al médico cuando tenemos un problema, no así y a la consulta de un psicólogo o un psiquiatra. Es más difícil reconocer un trastorno de la mente, la sintomatología no es tan clara, no se puede controlar o medir el dolor del alma, pero ¿acaso no creéis que tiene algo que ver con la cantidad de violencia, insatisfacción, de afán de poder, de dominar, que hay entre las personas y entre los países en la actualidad? Creemos poder controlar nuestra vida, nuestra emociones, nuestros sentimientos? ¿Realmente posees esa paz mental, esa paz de espíritu, ese equilibrio personal que te hace vivir más intensamente cada día?

Salud, en un sentido amplio, sería el equilibrio o armonía entre la actividad de los órganos del cuerpo y la del espíritu: la armonía entre el cuerpo, la mente y el espíritu. Es necesario que las tres estén en perfectas condiciones, y si una de ellas falla, lo harán las demás.

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Roberto, vive en Alicante, es el prototipo de hombre siempre ocupado, que se debate entre las constantes preocupaciones, el miedo al fracaso y un evidente sentido de la responsabilidad. Por otra parte, se irrita con facilidad y se muestra impaciente con los miembros de su familia. Esto significa que a la tensión corporal se añade una tensión psíquica que termina con una úlcera duodenal.

María, por su parte, sufre fatiga desde hace años. Su marido, en el que tiene una confianza absoluta, cree ver la causa de su estado en ciertas penalidades que pasó durante su infancia. Envía a su mujer a un psicoanalista, pero no mejora su estado de optimismo y alegría de vivir. Le realizan un concienzudo reconocimiento físico y descubren una tuberculosis latente.

En el primer ejemplo, la tensión psíquica agravó un estado físico, y en el segundo caso fue al contrario, su trastorno físico estaba alterando la conducta de María. Es muy estrecha la relación entre el cuerpo y la mente. La condición de la mente influye en la salud. Las penas, la ansiedad, el descontento, el remordimiento, sentimientos de culpabilidad, menoscaban muestras fuerzas y llevan al decaimiento.

Nuestra mente, o más concretamente nuestro cerebro, es el ordenador que controla toda nuestra vida.

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¿Cómo funciona el cerebro?

Nuestros cinco sentidos se ponen a trabajar, mandan órdenes a través de las distintas vías nerviosas a las diferentes zonas cerebrales. Allí se realizan distintas conexiones a través de unas células, las neuronas. Estas tienen un núcleo central, una ramificación que se llama axión, y otras pequeñas ramificaciones a modo de entramado llamadas dendritas. Allí se producen distintas conexiones llamadas sinapsis. Pues bien, es aquí, en el cerebro donde se procesa toda la información que recibimos de los sentidos, y se da la respuesta necesaria en cada caso. Toda la información se almacena allí dentro en la memoria, y la volvemos a desalmacenar cuando la utilizamos de nuevo. Una vez que procesamos ese pensamiento, esa respuesta a cada sensación que nos ha llegado por los sentidos, se pasa a la acción.

Entonces, ¿la mente es culpable de todas nuestras acciones? De ninguna manera, nosotros podemos controlar nuestros cinco sentidos y ser responsables de lo que introducimos en nuestra mente. La escritora norteamericana Elena de White llama a los sentidos las “vías de acceso al alma”. Nuestra primera condición para obtener salud mental es controlar nuestros sentidos como vías de acceso a nuestra mente, controlando los estímulos que nos llegan a través de las diversiones, las lecturas, las películas. Todo lo que vemos, oímos, olemos, gustamos o tocamos, va a configurar nuestra salud mental.

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‘Se necesitan en este tiempo mentes bien equilibradas, personas saludables e íntegras’. ‘Todas las facultades mentales debieran ser puestas en uso y desarrolladas a fin de que hombres y mujeres tengan una mente bien equilibrada’. ‘Las mentes no deben ser atiborradas con cosas inútiles’. ‘Las facultades de la mente han de gobernar el cuerpo. Los medios están al alcance de todos, ¿dónde? Cuerpo, mente y corazón bajo el control de Dios’. ‘La energía eléctrica del cerebro vitaliza todo el organismo, y es de ayuda para resistir la enfermedad. Es importante el poder de la voluntad y el dominio propio, tanto en la conservación de la salud cono en su recuperación, asimismo el efecto depresivo y ruinoso de la ira, el descontento, el egoísmo o la impureza y el poder que se encuentra en la alegría, la abnegación y la gratitud’. Todas estas citas son de la autora Elena de White, anteriormente citada tomadas de su libro ‘Mente, Carácter y Personalidad’.

Una de las primeras premisas para obtener paz mental, es estar en sintonía con nuestra propia mente, conocer nuestro yo interior, buscar en las profundidades de nuestra alma todo lo que nos preocupa, todo lo que nos inquieta, todo lo que nos asusta. Esta proyección interior solo se consigue en la soledad e intimidad. No sé cuál es la costumbre de cada uno, pero se nos aconseja: ‘Todos necesitamos de una hora tranquila para la meditación, a solas con nosotros mismos, con la naturaleza y con Dios’. Cada uno de nosotros ha de oír la voz de Dios hablar a su corazón. Es imprescindible tener tiempo para medita y conversar con Dios cada día, en la soledad de nuestra habitación, nuestra cocina, nuestro traslado al trabajo, sobre nuestra forma de ser, nuestra imperfecciones, nuestras flaquezas y puntos débiles.

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Gloria Fuertes, la escritora infantil española, en una poesía sobre la paz escribió: ‘Tener paz interior es quererte, cuidarte, estar a gusto contigo, y así surge el estar a gusto con todo el mundo’. ¿Cómo estar en paz con nosotros mismos? El conocimiento de uno mismo a través de la reflexión y el autoanálisis conducen a la comprensión de la verdadera esencia del ser humano. Descubrir nuestras limitaciones y puntos fuertes para hallar equilibrio interior, aceptar que somos imperfectos, descubrir el yo que no conocemos, son etapas imprescindibles para el proceso de búsqueda de la paz interior.

Dentro de las ayudas prácticas que podemos encontrar para alcanzar paz interior podemos sugerirte las siguientes.

  • Alimentación equilibrada, ejercicio físico.
  • Contacto con la naturaleza.
  • Actitud mental positiva.
  • Control de nuestras percepciones.
  • Meditación y oración (quien sea creyente).

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