La escritura es terapéutica

La escritura es terapéutica

La escritura tiene un enorme poder terapéutico como vehículo de expresión interna y de creatividad. La escritura nos permite ir más allá de nosotros mismos. Sin embargo, la escritura como terapia va más allá de la práctica de escribir un diario emocional, por ejemplo. Existen entornos que pueden enriquecerte mucho.

Por ejemplo, participar en un curso de escritura creativa o formar parte de un taller de lectura a partir del cual, es posible establecer conexiones vitales con puntos tan importantes como la felicidad, el amor o la tristeza. Reflexiones que surgen a partir de los textos literarios que adquieren una riqueza máxima por la complementariedad de las distintas interpretaciones realizadas por los miembros de un grupo. Los sentimientos son universales, de ahí la maravillosa riqueza de la empatía que reduce la distancia entre el yo y el tú creando puentes de conexión total.

Espacios de diálogo y conversación en donde la palabra fluye de una forma más auténtica, tal vez, porque la vida misma, es poesía en estado puro y los versos fluyen al compás de la belleza que surge de la luz. La palabra es terapéutica porque en el interior del corazón humano existe una infinita necesidad de comunicación. De ser uno mismo ante el otro. Pero también, existe una enorme disposición de acogida hacia el otro. Hacia ese tú que se presenta como un regalo inesperado.

La escritura es terapéutica al igual que los silencios. Observa la realidad con la actitud del poeta que busca la inspiración en los espacios más maravillosos de la rutina cotidiana. Déjate envolver por cada rima y descubrirás que gracias a un poema, puedes sentirte acompañado en tanto que, un libro, puede ser tu mejor amigo.

La escritura es terapéutica, refuerza los niveles de bienestar y mejora la comunicación contigo mismo porque la introspección es el camino a recorrer para llegar a lo más hondo del ser, relajarte y sentir. Sentir que la vida fluye como una partitura musical ya que, como decía Platón, la verdadera perfección surge de la armonía y del equilibrio.

La felicidad no es una ecuación matemática, la felicidad es la poesía que hay en la vida y que está en ti. Una comunicación poética envuelta en contradicciones constantes. En ocasiones, los silencios esconden grandes mensajes por descifrar. Y ecos del pasado que siguen vivos para siempre. La palabra, al igual que la propia poesía, es eterna.

Foto – Jorge Franganillo

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