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¿Porqué cuando haces ‘POP’ ya no hay ‘STOP’?

por Nutricionalmente

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Seguro que alguna vez te ha pasado: decides relajarte viendo una película mientras te permites el capricho de tomar unas patatas fritas. Tu intención es comer un puñadito, porque es comer por comer, de hecho no tienes ni hambre. Pero poco a poco, patata a patata, llegas al final de la peli y sin darte cuenta te has terminado  la bolsa.

Esta situación en la que comemos inconscientemente de más  es muy común. Sin embargo esto no les sucede a los bebés, que no están influidos más que por una premisa básica: tengo hambre y como, me sacio y paro. ¿Y por qué no nos pasa a los adultos?

Esto es así porque el cerebro pretende regular nuestra ingesta a nuestras necesidades. Pero la realidad es que estamos rodeados de muchos factores externos que alteran nuestros mecanismos de regulación del hambre y de la saciedad. Y es que en la sociedad actual, el acto comer no es sólo una necesidad biológica que tenemos que satisfacer.

Si nos fijamos, muchas veces comemos de más simplemente porque estamos aburridos o tristes, porque estamos con otras personas, porque ya no nos queda nada en el plato o porque se acabó el partido en la TV. Vamos a ver varios factores que hacen que comamos inconscientemente:

-Comer mientras se hace otra actividad: el hecho de concentrarse en otra cosa (ver la televisión, leer, estar con el ordenador) hace que el cerebro no perciba la señal de saciedad que le envía el estómago. Está tan ocupado procesando varios estímulos a la vez que incluso percibe atenuadas las sensaciones de gusto y olfato.

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Un experimento muy curioso que se llevó a cabo en este sentido fue el que realizó el investigador Brian Wansik de la Universidad de Cornwell (USA), que proporcionó  con la entrada de una película de cine un bol de palomitas. Éstas podían ser recientes o  hechas de hacía 15 días. Al finalizar la película los participantes en el estudio debían rellenar una encuesta acerca de la calidad de las palomitas. Muchos se quejaron diciendo que estaban pésimas pero la inmensa mayoría se habían terminado el bol.

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 – El ambiente es importante: está demostrado que un ambiente agradable a la hora de sentarnos a la mesa (luz, temperatura, música) influye sobre la duración de la comida.

Piensa en un restaurante elegante, con luz tenue y música suave de fondo. El camarero se toma su tiempo en traerte cada plato, hablas con quienes compartes la mesa, te recreas en los sabores y olores…Disfrutas de la comida.

Ahora sitúate en un fast food: la música es estridente, las luces son más potentes. Tardan 2 segundos en servirte la comida en envoltorio de papel y cartón. La sala está llena de gente que va y viene sin parar…Es un ambiente que predispone, sin darnos cuenta, a comer rápido e irnos.

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 Esta viñeta cómica lo ilustra perfectamente. ¿Por qué los restaurantes nos hacen comer de más? Se ve a unas personas sentadas en un restaurante y dicen: “Estamos comiendo despacio, así que tenemos que pedir más”. En la parte de abajo, en un fast food, comentan: “Estamos comiendo tan rápido que ni siquiera nos damos cuenta de que ya estamos llenos”.

- Dime con quién comes: existen estudios que confirman que la presencia de otras personas en la mesa y la relación que se tenga con ellas influye significativamente en la ingesta.

Resulta muy curioso, pero se ha comprobado que la cantidad de comida que tomamos va progresivamente aumentando  según con cuánta gente compartamos la mesa. De igual manera, si comemos con una persona que nos gusta, extraños, nuestro jefe o personas de posición social elevada tomaremos menos cantidad de comida, ya que el ambiente será más tenso. Y a la inversa, comemos progresivamente más si lo hacemos con amigos (14%), nuestra pareja (22%) y familiares (23%).

Estos ejemplos son sólo una muestra de la cantidad y variedad de influencias que recibimos a la hora de comer. Así que usemos algunos de ellos como arma para evitar comer inconscientemente, al fin y al cabo comer no es sólo “llenar el depósito” sino también disfrutar. El cerebro necesita 20 minutos en registrar la sensación de saciedad así que ¡no tengamos prisa!

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Ahora ya sabemos la importancia que tiene el comer despacio y conscientemente. Así que hacerlo bien es muy fácil: prepara la mesa con mimo, llevando todo lo necesario para no tener que levantarnos. No es necesario el masticar un número de veces determinado la comida, sino hacerlo despacio, disfrutando los sabores y la compañía.

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