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¿Qué es el coaching nutricional y cómo nos puede ayudar?

por Nutricionalmente

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Toc toc! ¿Se puede? Sé que llevo unos bastantes días desaparecida y os pido disculpas. Estoy preparando la apertura de mi propia consulta, cosa muy ilusionante a la vez que estresante. Aparte, como he comentado en alguna ocasión, tengo un pequeñajo de 13 meses que me absorbe mi poco tiempo libre. Por eso no he podido sentarme a escribir un post en condiciones. Prometo volver, aunque sea sólo una vez a la semana, pero aquí sigo, ¿vale?

Me apetece hablaros hoy de algo que hice hace un par de fines de semana, que fue acudir a un curso de iniciación al coaching nutricional. Puede que hayáis oído hablar de coaching en general, ya que es una palabra que está muy de moda. Si no, ya os lo explico yo en dos palabras: el coaching es un proceso o conjunto de técnicas que nos ayuda a conseguir nuestros propósitos.

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¿Cómo lo hace?

En vez de que una persona nos enseñe lo que tenemos que hacer para lograrlo (estilo profesor-alumno) o que nos dé información sobre lo que está bien o mal para que vayamos por el buen camino (estilo médico-paciente), el coaching primero se centra en buscar cuál es el sentido que tiene el objetivo deseado para la persona.

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En concreto en el campo de la nutrición, el coach intenta ayudar a determinar para qué queremos el objetivo, en profundizar en él. De esta manera la persona se hace consciente de cuán importante es eso para él y la motivación para conseguirlo será mayor. Además, es importante recalcar que ese sentido que tiene, por ejemplo, perder peso, es diferente para cada persona. El coach nutricional no impone que hay que perder peso para bajar el colesterol o porque se tiene el ácido úrico alto.  Pone en manos del paciente la tarea de la búsqueda de su motivación, de su sentido para empezar el camino.

Puede ser que para una chica joven el sentido de perder peso sea para poder ponerse ropa de moda. Pero va más allá: de esta manera se verá mejor, se sentirá mejor, quizá se anime a salir más de casa y así mejorará sus relaciones sociales, etc.

Sin embargo, para un señor mayor el sentido que puede tener el esfuerzo de hacer un cambio en su vida puede ser muy diferente. Seguramente si pierde peso se sentirá más ágil y podrá sacar a pasear a sus nietos, se fatigará menos en sus tareas cotidianas, su analítica sanguínea mejorará y esto posiblemente se traduzca en una mayor esperanza de vida a la larga. ¿Entendéis por dónde voy?

Después de buscar el sentido que para cada uno tiene el objetivo de perder peso se busca sacar al paciente de la zona de confort. Esta zona es nuestra burbujita particular donde nos encontramos cómodos porque controlamos la situación: siempre hacemos lo mismo, tenemos nuestra rutina, hábitos, costumbres, creencias…. En esa burbuja estamos muy a gusto porque sabemos exactamente cómo va a transcurrir todo pero tiene un gran problema esa seguridad: nos impide mejorar y avanzar en nuestros propósitos. Para conseguir nuestro objetivo tenemos que pinchar la burbuja y salir de ahí, es imposible conseguir resultados distintos si hacemos siempre lo mismo. ¡Lo decía hasta Einstein!

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En nuestro caso, esto se traduce en que si te has puesto millones de veces a dieta y en cuanto la dejas vuelves a engordar, e incluso coges más peso que antes, está claro: algo falla. ¿Y qué puede ser?

Lo que falla es que no eres consciente de cuál es el sentido que tiene perder peso para ti. Sólo tienes que pararte un poco a pensar. Y después, lo más importante una vez que tienes tu objetivo bien definido, es cambiar los hábitos de vida. Esto no se consigue de un día para otro, es un proceso lento (cada uno debe decidir la velocidad, según lo que vaya pudiendo): no podemos pasar de tomar refrescos a diario, nada de fruta y sólo carne a beber dos litros diarios de agua, tres frutas al día y pescado a todas horas. Es imposible, admitámoslo. Para que una pauta se convierta en un hábito dicen que son necesarios 21 días (como el programa); una vez que pasemos esa barrera se convertirá en algo que tenemos integrado en nuestra rutina y no nos supondrá un esfuerzo.

Los cambios, en alimentación y estilo de vida, han de ser lentos, introducidos poco a poco, según cómo vaya viendo el paciente que va pudiendo asumir esos cambios. Tampoco se trata de ir a paso de tortuga, nosotros, los nutricionistas, tenemos que tenderle la mano al paciente para que salga de su zona de confort y se vaya marcando (él, no nosotros) los objetivos, cada vez un poquito más ambiciosos.

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Esto que os he contado es, en pocas palabras, el coaching nutricional, algo que me parece apasionante. Mi trabajo de fin de grado de la carrera de Nutrición y Dietética lo hice sobre algo parecido a esto, intentando buscar métodos alternativos a lo que es dar información sobre lo que es bueno o malo comer, dar una dieta y punto. Me gusta  intentar que cada paciente se vaya marcando sus objetivos, introduciendo poco a poco cambios y sobre todo con mucha motivación, utilizando gráficas, material visual (no veáis el éxito que tiene mis demostraciones de los terrones de azúcar o los gramos de grasa que tienen las cosas, o el etiquetado…). Esto es lo que más satisfacción me da de mi trabajo, que aprendan e interioricen hábitos saludables.

El coaching nutricional es otro enfoque diferente al clásico método de dar información, lleva más tiempo con el paciente pero los resultados, doy fe, son muy buenos. ¡La gente se motiva muchísimo y eso es lo mejor!  Así que ahora he aprendido más técnicas y trucos para aplicar en la consulta. Por este motivo también he estado un poco desaparecida, porque innovar lleva su tiempo!

¿Conocíais o habéis oído hablar del coaching nutricional? ¿Alguien que haya ido a algún nutricionista-coach? Contadme, contadme.

Feliz domingo, no os olvidéis de mí que por aquí voy a seguir dando guerra!!

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