Combate el síndrome de adaptación

A la hora de entrenar hay conceptos que te conviene conocer porque pueden resultarte útiles para mejorar tu rendimiento y conseguir que el entrenamiento surta el efecto deseado.

Combate el síndrome de adaptación

Familiarizarte con la terminología técnica básica puede serte de gran ayuda. Por ejemplo, hoy quiero explicarte lo que es el síndrome de adaptación. ¿Lo habías oído alguna vez antes?

Tu cuerpo se acostumbra al ejercicio

El síndrome de adaptación está muy relacionado con la monotonía en el entrenamiento. Significa simplemente que tu cuerpo, tras un tiempo entrenando de la misma forma, se acaba acostumbrando a esa carga de entrenamiento y no consigue evolucionar, provocando así que tu rendimiento disminuya. ¿Lo has notado alguna vez?

Este síndrome tiene varias fases. En la primera, cuando empiezas a entrenar, sobre todo si llevabas mucho tiempo sin hacer ejercicio, lo que ocurre es que los primeros días aparecerán seguramente molestias en forma de agujetas. Al obligarte a reducir el ritmo del entrenamiento, estas molestias disminuyen también el rendimiento que el ejercicio debería haber tenido.

Tras superar esta primera fase, tu cuerpo va rindiendo cada vez mejor en el proceso de habituarse al entrenamiento, reaccionando a los estímulos que le proporciona el ejercicio físico. Esto influye positivamente en tu rendimiento.

Sin embargo, tras un tiempo entrenando de una determinada forma, tu cuerpo deja de reaccionar igual a los ejercicios, haciendo que el rendimiento baje ostensiblemente. Los ejercicios ya no surten el efecto deseado y se impone entonces que modifiques tu rutina de entrenamiento.

Tendrás que modificar diferentes aspectos

Ahora ya sabes que el síndrome de adaptación se manifiesta en que tu cuerpo ya no responde igual al entrenamiento. Falta saber cómo combatirlo, para lo que tienes diferentes opciones. Una posibilidad es, por ejemplo, modificar tu dieta analizando el consumo de carbohidratos, grasas y proteínas con el objetivo de estimular a tu cuerpo para que vuelva a responder de la forma adecuada al ejercicio.

También puedes, además, alterar la frecuencia de las comidas o la cantidad que comes en cada una de ellas. Comer de vez en cuando algo fuera de lo normal también puede ayudar a que tu cuerpo reaccione y continúe trabajando de forma correcta. Eso no quiere decir que comas comida basura, pero sí que te permitas algún capricho.

Por otra parte, también puedes modificar tu entrenamiento, tanto en intensidad como en duración y frecuencia. Otra opción es cambiar el tipo de ejercicio que practicas. Si, por ejemplo, habitualmente trabajas en la bicicleta estática, prueba durante un tiempo la cinta o cambia la forma de entrenamiento y recibe clases en grupo.

El síndrome de adaptación es algo que afecta negativamente a tu rendimiento y, por tanto, hay que saber cómo evitarlo.

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