El niño cocinero: cómo hacer que tus hijos coman bien

¡Hola! Disculpad que haya estado un tiempo sin publicar, pero tengo una buena excusa: ¡he sido madre! Así que he estado un poco liada con este temita. Prometo recuperar el blog y publicar más a menudo.

Aunque me salgo un poco de la principal temática del blog hasta ahora, me gustaría retomarlo con un post sobre nutrición infantil. Por motivos obvios, he estado informándome muchísimo sobre el tema y aprendiendo cosas que hasta ahora desconocía, y que creo que pueden ayudar a muchas madres y muchos padres. Hoy, hablaremos de un truco para hacer que nuestros hijos, sobre todo si son malos comedores, coman mejor. Sé que a veces puede ser un verdadero suplicio hacerles comer, y que coman de todo, por lo que creo que estas técnicas siempre vienen bien.

como hacer que los niños coman

Una técnica efectiva para ayudarte con la alimentación de tus hijos

Hoy os quiero compartir la técnica de “El niño cocinero” que descubrí gracias al blog de maternidad Madre Millennial, que recomiendo desde aquí. Vamos a ver de qué se trata.

El contacto con el alimento debe ser tan cotidiano para un niño como su orinal o su muñeco de peluche. Es un material de una gran plasticidad que se puede tocar, revolver, machacar, moler, cocer y repartir antes de ser consumido. Algo que se sitúa desde el punto de vista físico a un nivel más elevado que la simple plastilina y que por tanto llama poderosamente la atención de nuestros pequeños. Lo lamentable es que a veces no les permitimos disfrutar de su esencia material.

A los 5-6 meses, es la primera ocasión que los lactantes tienen de vérselas con purés y papillas. Comienzan por introducir, recelosos, el dedo dentro del plato.

Comprueban su temperatura, su textura, la sensación que les produce su tacto. Prueban si el paso de sus manos deja surcos, dibujan en la superficie y en el mantel, salpican, ensucian, juegan… Así durante un largo rato hasta que finalmente se deciden a probarlo. Tímidamente las primeras veces, con despreocupación las sucesivas. Todos lo hemos presenciado con nuestros hijos y, sin embargo, no lo aprovechamos.

Los primeros pasos en la cocina

Pero vayamos más adelante en el tiempo. Cuando ya cuentan con dos-tres años, niños y niñas disfrutan jugando a las cocinitas, manejando los cacharritos, guisando unos hipotéticos menús para toda su imaginaria familia. Y nuevamente nos pasa inadvertido. ¿Cómo podemos pretender que acepten como alimento, algo que apenas conocen o que solo forma parte de su fantasía?

como hacer para que un niño aprenda a comer

Por eso yo considero que debemos aprovechar el potencial de estos pequeños cocineros para romper las barreras de su natural suspicacia hacia la comida. Nuestros benjamines pueden, y deben, colaborar en la cocina con nosotros siempre que sea posible. Deben comprender que el plato que mamá les ofrece, previamente hay que condimentarlo, prepararlo… y que esa puede ser una divertida experiencia para ellos. Deben manipular el alimento, familiarizarse con él antes de que penetre en su interior.

Y para ello, también podemos vestirles con un delantal como el de mamá, pero personalizado con vivos colores y dibujos, buscarles un buen puesto en la cocina y escuchar y practicar sus sugerencias. Los más pequeños pueden, simplemente, poner la guinda al pastel en el lugar que más les plazca -respetando su original sentido de la estética-, distribuir los ingredientes sobre la base de pizza, preparar rellenos o echar la sal o los garbanzos en la olla aún fría; tomando eso sí, las precauciones necesarias para evitar quemaduras y otros accidentes.

Cuidado con los utensilios

Muchas veces podremos sustituir aparatos eléctricos por herramientas manuales mucho más seguras. Así emplearemos cuchillos sin punta y poco afilados, rallaremos el pan, el queso o el huevo a mano, compraremos carne ya picada, o cambiaremos la extremadamente lesiva batidora automática por otra con manivela.

Entre los cuatro y seis años, seguro que les gusta batir los huevos, agitar, escurrir, dar vueltas con la cuchara… Los más privilegiados por razón de edad pueden llegar a confeccionar sus propios platos. Casi siempre les gusta practicar con los dulces, tartas, galletas y pasteles.

Pueden comenzar por copiar la ultrasecreta receta de la abuela para la masa de las magdalenas según manuscrito original, para pasar luego a distribuir los ingredientes y utensilios sobre la encimera, y finalmente el cocinado supervisado. Puede que el resultado final no sea vistoso, pero debemos demostrarle con nuestro deleite al probar su obra final, que resulta una recompensa tan gratificante como la que sienten sus papás cuando ellos toman los alimentos que con tanto cariño han confeccionado.

¿Cuáles son los beneficios de esta estrategia?

Los beneficios son muchos. Cocinar les ayuda a sentirse parte integrante del grupo familiar, pero también aviva en ellos el sentido de la responsabilidad, mitiga el efecto de la publicidad que incentiva el consumo de comida rápida y les acostumbra a buenos hábitos higiénicos y alimentarios que perdurarán para el resto de su vida.

Cómo se puede conseguir que los niños coman de todo

El primer paso es explicarles que deben lavarse las manos en cada fase de la preparación y por qué deben hacerlo. Verán también que limpiamos repetidas veces los utensilios, y eso les acostumbrará a comprender y practicar la higiene. Primer logro.

Su natural inquietud hará que se pregunten la razón de tanta variedad de alimentos y nosotros les contaremos que somos animales omnívoros, que estamos capacitados para comer todo tipo de sustancias a diferencia de los carnívoros o hervíboros y que, para nosotros una vida sana, se consigue combinando muchos alimentos porque lo contrario nos haría sufrir graves carencias. Seguro que jamás, cuando nos enfadamos porque no comen, se nos ocurrió razonarles el motivo de nuestra insistencia. De este modo, estarán más capacitados para aceptar lo que previamente rechazaban. Segundo triunfo.

El guisado no está exento de riesgos que debemos compartir con ellos. Pueden cortarse, quemarse, caerse… Manipular el fuego o el horno debe ser un ejercicio de madurez que en principio, y salvo excepciones muy concretas, debe recaer en los adultos. Nuestra función es supervisar y advertir de los potenciales daños. Nos sorprenderá comprobar cómo los niños más temerarios o caprichosos, una vez adiestrados sobre los peligros, se comportan de un modo precavido y responsable. Tercera ventaja.

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